VESTIR AL NIÑO DIOS





El 2 de febrero se celebra la fiesta de Nuestra Señora de la Candelaria; es una festividad religiosa con un fuerte arraigo popular, vinculada con el 6 de enero, día de Reyes. Este último día es tradición que se parta en los hogares católicos un pan en forma de rosca, que en el interior contiene pequeños muñequitos que representan al niño Dios y al rebanarse quedan al descubierto. La persona que saca al niñito Dios, debe convidar los “tamales” precisamente el día de la Candelaria.


Esta celebración tiene especial importancia en el barrio de la Candelaria de los Patos, llamado así por la gran cantidad de esas aves que habitaban en lo que durante muchos años fue el límite de la Ciudad de México con el lago de Texcoco. El templo de la Candelaria es uno de los más antiguos del país, construido como penitencia en el siglo XVI y se encuentra ubicado en el barrio de la Merced, a las orillas del actual centro histórico. La leyenda de su construcción es muy interesante y nos recuerda los tiempos en que el lago era parte de la vida cotidiana, el párroco Luís Gutiérrez Hope señala que:


“…a fines del siglo XVI hubo un fraile llamado Cipriano que se quedaba dormido en el rezo de las Vísperas. Una noche despertó y vio que sus compañeros frailes se habían retirado al claustro, dejándolo encerrado. Se asomó para que alguien lo auxiliara, y entonces se encontró con un ser que le pidió que le ayudara a desenterrar un tesoro escondido en el cercano puente del Rosario. El fraile le contó aquello a sus compañeros, pero se rieron de él al considerar que sólo había sido una pesadilla. Cipriano recibía visitas continuas de aquel extraño personaje, pero se negaba reiteradamente a su petición, pese a que le había ofrecido que una parte del tesoro sería para los pobres. Al poco tiempo, Cipriano murió. Dicen que las visitas del extraño ser continuaron pero ahora a un indígena que iba a cazar patos, éste accedió a su petición, encontró el tesoro, pero hizo mal uso del mismo, y aquel espectro comenzó a atormentarlo. Las personas del pueblo alcanzaron a escuchar algo sobre el tesoro y comenzaron a buscarlo, pero con tanta ambición que desataron una peste. De ahí que las autoridades religiosas y civiles mandaran construir una capilla dedicada a Nuestra Señora de la Candelaria, que se tiene como protectora para alejar toda clase de espíritus.” Desde la fe. Domingo 3 de febrero de 2013.


En los alrededores de este templo, durante esta celebración, gran cantidad de fieles sortean los obstáculos ocasionados por los juegos mecánicos y los comerciantes para poder entrar con su niño Dios, al que visten con diversos trajes que se pueden conseguir a tan sólo unas calles hacia el poniente. En ese espacio es habitual encontrar ropita, cunas, coronas, canastas y demás adornos; se trata de la calle Talavera y su Corredor del niño Dios. Esta calle, cuyo nombre se debe a la cerámica mayólica que se comenzó a fabricar ahí desde el siglo XVII, reúne a cientos de personas, entre comerciantes, devotos y curiosos, que cada año buscan un nuevo niño Dios que oscila entre los 50 a 300 pesos dependiendo los accesorios (3 a 16 dólares) o llevan a reparar a su niño que lleva años en su familia.


La demanda de los niños Dios, de sus ropitas y accesorios, ha rebasado el espacio de este corredor y ahora abarca otras calles de la Merced, por ejemplo Roldán. Atendiendo a su habitual espíritu comerciante, el barrio ofrece no sólo los tradicionales vestuarios del niño Dios, en los diversos puestos y locales es posible encontrar otras opciones como la de niños futboleros, niños doctores, niños con vestimentas de otras festividades (como el niño chinelo) e incluso niños de la abundancia.


Es evidente que esta oferta se debe a la necesidad de los devotos por encontrar a un intercesor que los ayude con los vaivenes de su vida. Es por eso que ahora es posible observar a niños Dios con atuendos de “angelitos”, tal como el Arcángel del Amor o el niño Ángel de los Olivos. Esta tradición se ha mantenido gracias al sentimiento popular, aunque es costumbre llevar a los niños Dios al cura de la parroquia, son los fieles los que dan (y le seguirán dando) vida, forma, fondo y color a esta devoción.



Texto e imágenes: Amilcar Carpio y Carlos Torres #CEHILAMéxico